jueves, abril 22, 2010

Un ser resistente

No es un amable sendero aquel que transita el que dice que no. Decir que no implica muchas, muchísimas molestias, hasta el punto que, claramente, ser vagabundo es quizás el oficio más duro del mundo. Estar siempre alerta y preocupado por la pura subsistencia cansa, sin duda.

Esto de escribir en un blog es un poco, para mi, como si fuera aún más pequeña y me encontrase al pasear una piedra de color, una hojita, una rama, y corriese a enseñárselo a todo el mundo, esperando que alguien más se maraville conmigo. Lo que me encontré hoy es Sin techo ni ley, una película de Agnes Varda de 1986.

Está muy bien que nada más empezar la película se sepa cuál va a ser el destino de la protagonista. Elimina tensiones innecesarias, y evita prestar atención a lo que no merece la pena. También es de agradecer que Agnes se abstenga de hacer un juicio, o de intentar tender trampas sentimentales al espectador. Es una muestra de respeto el dejar que cada uno saque sus conclusiones, y sienta de forma natural lo que sea que le inspire la película.

Sandrine Bonnaire, que es quien hace el papel de Mona, es como un animalito. No se sabe de dónde sale, y la cogemos, como la cámara hace muchas veces, como si coincidiéramos con ella en un punto cualquiera del camino. Tampoco va a ningún sitio en concreto, simplemente vive en el camino.

Se mueve con la libertad del que no tiene nada. Y todos con los que coincide como vienen se van, pues relacionarse de forma permanente con cualquier ser humano es imposible cuando se quiere seguir resistiendo. Acomodarse en un nido cálido y confortable no es una opción.


Mona se rebela y dice que no a todo. Pero es engañoso pensar que la rebelión implica tener un plan de acción, o saber cómo exactamente se debe o se quiere vivir. Como un animalito, se retuerce ante todo lo que no quiere ser y huye a ciegas. Pero tiene el gran valor de huir y, sobre todo, aceptar plenamente todas las consecuencias que eso tiene.

Cuando tiene sueño, duerme, cuando tiene hambre o sed, se procura comida. Cuando quiere moverse, se procura un medio de transporte. Cuando quiere un amante o un cigarrillo, los busca. Y no concede ni un ápice de zalamería a ningún benefactor, pues sabe que son intercambiables. Y porque eso sería demasiado parecido a servir a un patrón.


Su existencia cuestiona la forma de vivir de todos con los que se cruza, cosechando reacciones que van de la mala conciencia o el ideal romántico al asco o al simple miedo. Por supuesto, no logra evadir todo el tiempo esa cosa molesta de ser una chica, que es que se la considere un objeto bonito del que se puede disponer libremente para el solaz, añadiendo un punto de indefensión más que no se tendría de no serlo.


Sin techo ni ley habla un poco de lo difícil que es ser, sin más. De lo complicado que es que le dejen a uno en paz, incluso cuando se está dispuesto a soportar la penuria o la soledad. No hay drama, no hay conflicto, más que las pequeñas emociones que conlleva de por sí cualquier vida. En medio del campo, en una carretera, en una mansión abandonada. Sin antes o después, sólo ahora. Como ella misma dice:


Eso, y que siempre hay que preferir los botones a las cremalleras.

1 comentarios:

rafa dijo...

ahora mismito la he visto. poco o nada que añadir. cuando me pregunten cuál es la última gran peli que he visto diré ésta.