jueves, julio 02, 2009

La Viña



Hoy nos despertamos con esa lluvia fina, tan propia del norte. Vino a refrescarnos del tiempo agobiante de estos días, calor y tormentas que hace dos días hacían que se viese esa bruma sobre la superficie del río, la típica bruma de la que siempre sale el monstruo del pantano. Ahora hay nubes bajas sobre la montaña y niebla, que es el tiempo que más me gusta desde que vivo aquí. Hoy los cuervos no se han posado sobre el campo segado hace dos semanas, que vimos amarillear al sol, con milanos volando bajo en busca de presas, y poco a poco reverdecer de nuevo, esta vez con cuervos haciendo corrillos, como señores que se paran a conversar a la hora del vermú. Hace poco me enteré de que el cuervo es uno de los pocos animales que reconoce su reflejo en un espejo. Pronto nos iremos a otra casa, así que no haremos mermelada de albaricoque ni veremos las nueces caer en otoño, pero sí haremos mermelada de higo y tartas de manzana.

En invierno también éste era mi tiempo preferido, sólo que entonces tomábamos mate y echábamos leños a la cocina, por la noche rellenábamos una bolsita de agua caliente, y Bruno se acercaba tanto a la estufa que se le ponía el pelo raro. Los árboles estaban pelados, pues no había llegado el esplendor que tenemos ahora que casi nos impide ver el río. Nevaba el Belmonte, y cuando vas en coche y nieva parece que vas en una de esas naves de la Guerra de las Galaxias, a hipervelocidad, con los copos de nieve acercándose y pasando. Pensamos que Salas era bonito, porque fuimos de noche y sólo se veía una especie de construcción medieval que hay. Ya de día vimos que no era así, y conocimos al bibliotecario que no paraba de hablar, y al señor del 2cv (que se parece un poco de carácter a Maurice, el de Doctor en Alaska), que nos regaló una capota. Albino, el Braveheart de Cornellana, vino más de una vez con su nariz inenarrable a arreglar cosas. Cada lunes Ira Kaplan nos trae el pan y el pronóstico del tiempo. Y pude comprobar la habilidad de mi persona favorita para encender fuegos, amasar pizzas, segar con guadaña y desatascar depósitos de agua en el río.

Con Missisippi John Hurt me siento aquí con ese ánimo dulzón y bucólico, de despedida de la Vega del Narcea, con sus pescadores de truchas, los gatos en el tejado y el monte Courio mirándonos como si fuésemos hormiguitas.

1 comentarios:

Carlos dijo...

Uau, me han dado ganas de mudarme corriendo. ¿os vais de alli? ¿a un lugar mejor aún?